¡Yo me quedo en casa, Señor!

Y caigo en la cuenta de que, también  esto, me lo enseñaste Tú viviendo,  obediente al Padre, durante treinta  años en la casa de Nazaret esperando   la gran misión.

Mensaje del padre Edwin

Mis queridos feligreses,

Sueño muchas veces con que abro las puertas de San Miguel y los abrazos de los amigos, las sonrisas de los niños y los cantos del coro vuelven a llenar esa pequeña parroquia de alegria y emoción. Sueño con que respiramos aliviados y la solidaridad se hace más patente que muchas otras veces.

Pero despierto y me doy cuenta de que no saldré con prisa a prepararme y coger el autobús que me llevará a mi otra casa, la Casa que comparto con mi Padre y mis hermanos. Y he aprendido a hacer de mi hogar esa continuación de Nuestra Parroquia que nos sigue iluminando desde el lugar  donde estemos.

Celebro la Eucaristía y pido perdón por tantos que están deseando celebrar y comulgar, pero en estos momentos lo ven lejano. Recuerdo en mi oración a todos los que han fallecido estos días , algunos con nombre y apellidos  y a tantos desconocidos que los imagino como rayos de luz que suben al cielo. Gracias a los que me han enviado esos nombres y los nombres de los que en este momento están luchando contra esta enfermedad.

Pido y os pido que oréis por tantos hermanos que están en primera línea para que tengamos los servicios que necesitamos. Pido por  mis amigos y amigas que están prestando servicio sanitario y por todos los que con ellos hacen lo mismo.

El próximo domingo celebraremos el Domingo de Ramos. No podremos estar juntos bendiciendo , cantando y celebrando. No estaremos en San Miguel, pero si en nuestras casas, recordando aquel momento en que Cristo fue alabado por aquellos que esperaban su entrada en la cuidad. Le pediremos que entre en casa y nos bendiga, porque este año queremos ser esos ramos que se bajaban en su presencia para alabarle.

La Semana Santa no será como otros años , no veremos procesiones por las calles. ni asistiremos a los Oficios. Quizás Cristo, como siempre insiste, quiere que honremos a tantos que están lavando los pies y las heridas de nuestros enfermos y que le veamos en tantos hermanos en nuestro mundo que están cargando con cruces muy pesadas y con dolores físicos y del alma, muy profundos. 

El Sábado Santo no sólo pediremos por la Resurrección de todos los que nos han dejado estos días sino por la nuestra propia. Una Resurrección a un cambio de vida que nos llama a saber que no éramos tan fuertes y poderosos como creíamos. 

Sé que al despertar, la realidad no será tan fácil como en mis sueños. Volveremos a abrazarnos y cantar pero también a llorar y elevar nuestras voces por aquellos que ya no están.

Pero los niños seguirán sonriendo y por ellos y en nombre de Jesús y nuestra fe en El, lucharemos con las adversidades  que puedan venir y seremos más solidarios y cariñosos con los hermanos. 

Creo y espero que tengamos  una nueva mirada de Amor hacia el que tenemos al lado, como la hemos tenido hacia los que aplauden desde sus ventanas.

Dios os bendiga y hasta pronto.

P. Edwin